Cuando la turba se tomó a Palogrande / Por Duván Marín
Cuando la turba se tomó a Palogrande / Por Duván Marín
La olla, que tenía tanta presión por la falta de mejores resultados y de buen fútbol del tal equipo profesional Once Caldas, la hicieron estallar los desadaptados de la barra norte del estadio, no aguantaron más y explotaron irrumpiendo violentamente antes de terminar el juego que perdió el blanco…blanco ante Alianza Petrolera.
Fue drama, susto, rabia, temor por algo peor, tristeza y un profundo dolor por lo que atónitos vimos desde nuestro palco de Acord-Caldas. A 3 minutos del final, los energúmenos rompieron el pequeño cerco humano y aprovecharon la debilidad de la logística para confrontar con puños y patadas a los jugadores, mostrarles sus partes nobles, agredirlos verbalmente y exigiéndoles cojones en su práctica futbolera.
En medio del violento ingreso al campo de juego, quedaron logísticos lesionados, mujeres incluidas, policías que llegaron al escenario a controlar. Los exaltados destruyeron en su enloquecida carrera vallas, cámaras de televisión, publicidad electrónica y otros elementos que encontraron camino al pasto, mientras que afuera comenzaba otra batalla para provocar daños a vehículos de los organismos de seguridad.
Fue caos. Las hordas bárbaras, impulsadas por sus jefes provocaron de todo en su propia casa deportiva, vulnerada ante la serie de facilidades permitidas a los malos hinchas que entran de todo a las graderías para el consumo durante los partidos, ante la mirada atónita de autoridades, menores de edad, familias completas y visitantes de otras regiones que llegan dizque a divertirse con el balompié. Ni lo uno, ni lo otro. No hay buen fútbol y menos garantías de seguridad.
Inconcebible, como los vándalos se apropian de logros o fracasos de equipos de fútbol, bueno con el auspicio de los mismos dueños, de futbolistas y hasta de políticos que tienen el favor popular para llegar a las corporaciones legislativas como acontece con el actual Representante a la Cámara Juan Sebastián Gómez, integrante de la barra norte a quien tenemos que aceptar que engañan, si nos atenemos a que seguramente le prometen otras acciones para acompañas a la divisa.
Es una horda escudada en vagos, escudados en este deporte para desahogarse violentamente después de consumir, de todo un poco y de paso alejar sus situaciones problemáticas familiares o individuales hasta protagonizar, con su desmedido fanatismo, hechos repudiables cercanos a la tragedia.
Todo es una copia de los seguidores barristas del Boca Juniors de Buenos Aires, Argentina, como lo describe en su libro Boquita, el escritor y periodista argentino Martín Caparros. En 500 páginas relata los secretos a voces de la forma como desde todas las instancias los jefes de las barras reciben dádivas con tal de mantenerse activos en La Bombonera y en sus predios vecinos a Caminito, con tal de imponer a su estilo y trascender para infundir miedo a cualquier precio.
Son muchos los responsables de lo que sucede allá y acá, en Medellín y en Manizales, Cali, Pereira o Bogotá con los fervorosos de Boca, River, Nacional, Pereira, Once Caldas, Deportivos Cali, Millonarios, América y otros. Son abusivos e intimidadores del fervor popular en los coliseos o en las inmediaciones. Parece que hubieran nacido para causar daño e intimidar a cualquiera. Son locos sin dirección y sin Ley, porque esa no la aplican en Colombia, como lo ejecutaron los gobiernos de Inglaterra, Alemania y Holanda, frente a los hooligans.
En nuestro país la Dimayor y los clubes nos obligaron a comprar los enrolamientos y el dinero se esfumó. Eran unas credenciales para entrar al fútbol e identificar más fácil a los hinchas y periodistas. Con el sistema propuesto nada ocurrió.
De lo deportivo poco para el análisis. El Once Caldas es último en la tabla de posiciones de la Liga y firme candidato al descenso. Posiblemente en la B a los dueños de la institución, provenientes de Medellín y de Armenia, les irá mejor económicamente, al fin y al cabo, para eso compraron las acciones. O de pronto los de norte, propondrán, como lo hacen, la contratación de mejores jugadores, para presentarlos en ruedas informativas, que no son de prensa, organizadas por ellos, sin comunicadores o periodistas a bordo. Esa es la diferencia.
También en Manizales el fútbol está de luto. Y será más profundo sino intervienen las autoridades gubernamentales, llamadas a garantizar el orden. !Que tristeza y pena se siente como manizaleño¡
Twitter: @duvanmarinm