Miércoles, octubre 28, 2026
Editorial y opinion Por Periodico El Andino 6 min lectura

El fin de la Segunda Guerra y el impacto de la Bomba Atómica

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El fin de la Segunda Guerra y el impacto de la Bomba Atómica


El fin de la Segunda Guerra y el impacto de la Bomba Atómica

Esta terrible guerra culminó hace 80 años después de seis años de horror, de millones de muertos, heridos, mutilados y desplazados.

Las causas hay que buscarlas en las heridas, cicatrices, resentimientos y odios, que dejó la Primera Guerra Mundial (1914-1918): un impresionante saldo de 10 millones de muertos, 19 millones de heridos, enormes pérdidas en recursos materiales y numerosos pueblos y ciudades arrasadas. Aunque todos los países involucrados resultaron damnificados, Alemania perdió más porque tuvo que aceptar el Tratado de Versalles que redefinió sus fronteras, y le arrebataron las colonias; Francia recobró las regiones de Alsacia y Lorena, pero, además, Alemania fue obligada a pagar una fuerte indemnización. Sin embargo, su potencial económico y su espíritu militar quedaron intactos, mientras que países como Francia, estaban debilitados por la ocupación. Así, este reparto del mundo dejó varios motivos para la siguiente guerra.

Adolfo Hitler fue nombrado canciller en 1933 y desde ese momento quedó definida la política exterior del Tercer Reich: el racismo como disculpa para un nuevo reparto del mundo. El objetivo era la paz alemana por medio de la organización de un sistema basado en naciones homogéneas, sometidas a un régimen totalitario. Desde la guerra civil española Alemania se convirtió en adalid de la lucha anticomunista, un fantasma utilizado para asustar a los países, mientras el verdadero objetivo era el dominio de Europa. El avance hacia el occidente fue fácil. El 12 de marzo de 1938 el ejército alemán se anexó Austria, y Francia no pudo reaccionar debido a sus conflictos políticos internos. Pocos días después, Polonia avanzó hacia la frontera con Lituania, en una demostración de fuerza, como primera potencia entre los países bálticos; pero más adelante reclamó, a Checoeslovaquia, el territorio de Teschen, y Moscú advirtió que si invadía, quedaría roto el pacto de no agresión ruso-polaco; y el 2 de octubre Polonia invadió. Mientras tanto Hitler se apoderó de Checoeslovaquia sin disparar un tiro y entendió que las potencias tenían temor; esto lo autorizó para seguir avanzando. En 1939 el Reich se anexó Bohemia y Moravia, sometió a Eslovaquia y se apropió de los recursos de cereales y del petróleo de Rumania. Al mismo tiempo Alemania e Italia firmaron una alianza para garantizar el “espacio vital”.

En este ambiente la URSS se fue alejando de Inglaterra y Francia, porque habían dejado que Alemania se armara y extendiera sus fronteras hacia el Este o sea hacia Moscú. Entonces Stalin cambió la política y, en agosto de 1939, se firmó el tratado de no agresión germano-soviético (conocido como el pacto Ribbentrop-Molotov), que le permitía ampliar el acceso al mar Báltico y recuperar los territorios rusos incorporados a Polonia. Pero Inglaterra también hacía jugadas secretas y le propuso a Ribbentrop, el ministro de Asuntos Exteriores de Alemania, que se repartieran el continente, según las áreas de interés, y que Alemania se podía quedar con el este y el sudeste de Europa. Ante semejante propuesta Ribbentrop entendió la debilidad de Londres; para esa época Hitler quería dominar todo el continente.

La Segunda Guerra Mundial

El primero de septiembre de 1939 Hitler dio la orden de invadir Polonia, sin declaración de guerra. Inglaterra y Francia movilizaron sus ejércitos y dos días después se sumaron al conflicto. De este modo se desató la más espantosa de las guerras. El 10 de mayo de 1940 el ejército alemán invadió el oeste y atravesó el territorio de Holanda y Bélgica. El 16 de junio el primer Ministro de Gran Bretaña, Winston Churchill, propuso que los dos países aliados formaran una Unión, con un solo Ministerio de la Guerra, un solo parlamento y un mando único. El mariscal francés Philippe Pétain se opuso, pero el país estaba postrado. Poco después se firmó el armisticio que dividió a Francia en dos zonas: una ocupada, bajo la autoridad alemana y la otra libre, bajo el mando francés. Pero este gobierno era colaboracionista, aceptaba la victoria alemana e intentaba “salvar” el país integrándolo al “nuevo orden”. Con Francia de rodillas faltaba derrotar a Inglaterra; el 8 de agosto de 1940 el mariscal Hermann Goering, comandante de la Fuerza Aérea, atacó Londres y los aeródromos, pero no pudo vencer la resistencia; finalizando el año Inglaterra había perdido 700 aviones y Alemania 2.000. Después llegó la guerra marítima que también ganó Inglaterra.

Pero el conflicto tomó otro rumbo, el 21 de junio de 1941, cuando Hitler inició la invasión a la URSS; pero fracasó cerca de Moscú en el invierno de 1941-1942. Hasta este momento los alemanes se habían apoderado de centenares de aldeas, pueblos y ciudades; controlaban el Báltico, Bielorrusia, parte de Ucrania, Crimea y estaban sitiados Leningrado y Sebastopol. Sin embargo, la batalla de Moscú demostró que a Hitler se le podía derrotar y que el ejército soviético se había fortalecido durante los meses de guerra. Hay que señalar que los aliados no intervinieron porque estaban esperando que cayera el régimen socialista y que se debilitara la Alemania nazi, para así sacar del camino dos sistemas políticos enemigos. Después de la contraofensiva soviética de 1941, siguió la Batalla de Stalingrado y la derrota de los alemanes en febrero de 1943. Por estos días Stalin venía pidiendo a gritos que los aliados desembarcaran en la costa del Atlántico, para que Hitler retirara fuerzas del frente oriental; pero los sectores más anticomunistas de Inglaterra y Estados Unidos confiaban en la derrota del Ejército Rojo. Y la ofensiva soviética siguió rumbo al oeste empujando a los alemanes; se rompió el cerco sobre Leningrado y en la batalla de Kursk los nazis perdieron 100 mil soldados y 2.800 tanques.

En abril de 1944 los soviéticos entraron en Odesa y los anglosajones en Roma; en este punto Alemania había perdido la guerra y los aliados tuvieron que abrir el frente occidental, porque el Ejército Rojo estaba derrumbando el Tercer Reich. Así, el 6 de junio de 1944 fuerzas de Estados Unidos e Inglaterra desembarcaron en Normandía. Mientras tanto Benito Mussolini también había perdido la guerra; el 27 de abril de 1945 el dictador italiano y su amante Claretta Petacci fueron detenidos por un grupo de partisanos comunistas mientras se escapaban hacia Alemania, pero fueron fusilados y luego colgados. Al mismo tiempo las tropas soviéticas avanzaban sin pausa hacia Berlín; como Hitler no quería que lo ajusticiaran como a Mussolini se suicidó el 30 de abril. El 8 de mayo el ejército nazi capituló ante los soviéticos y finalizó la guerra en Europa.

Pero Japón no se había sometido y el 6 de agosto Estados Unidos lanzó la primera bomba atómica sobre Hiroshima, que produjo la muerte de 120 mil personas; tres días después otra bomba sobre Nagasaki, dejó 80 mil muertos y miles de heridos. Ante los hechos el imperio se rindió. Esta demostración de fuerza de la primera potencia del mundo fue un hecho innecesario, pero una advertencia a la URSS. De este modo terminó la espantosa guerra y el mundo salió de la pesadilla. Pero empezaría la Guerra Fría.

Por Albeiro Valencia Llano